Cómo podemos definir la felicidad, si cada uno de nosotros es feliz haciendo cosas diferentes.
Por mi parte he concluido que la felicidad es como un cuadro abstracto, cada quien lo interpreta a su manera.
Y es que no importa la manera en que seas feliz, sino que lo seas.
Muchas veces tenemos esquemas o nos enseñaron a seguir un esquema, una forma de vida, una idea del orden en que debemos construir nuestra vida para lograr un “futuro feliz”.
Primero estudiar, conseguir el título universitario, luego trabajar, luego enamorarte, luego tener hijos, etc.
Casi nunca nos enseñaron a disfrutar el día a día, algunos sí nos enseñaron a disfrutar de las cosas sencillas, de los domingos en familia, de los feriados con los amigos, de una navidad llena de amor y unión, de un simple arroz con atún o de un abrazo sin motivo.
Yo, desordené el esquema, primero tuve un hijo, estoy estudiando y luego me casaré (otra vez). Aunque no es un tema de alarmarse o algo poco común, la gente aún piensa de alguna manera que las personas que no seguimos ese orden, somos infelices…
Hablando de mí, soy más feliz que antes, tengo una pequeña parte de mí que se mueve, que habla, que canta, que me dice mamá.
Tengo una vida que continúa, el amor de mi familia, tengo salud, ESTOY VIVA.
Día a día hago que mi vida tenga una sonrisa, no solo en los labios, sino en el ALMA, comparto mi felicidad y trato de dibujarte una sonrisa.
El mundo no es de los perfectos (porque no existen), ni de los que intentan hacer las cosas perfecto, el mundo tiene complicaciones precisamente para que todos tengamos una función en él.
No importa en qué parte del mundo estemos, ni el nombre que llevemos, ni el status social, ni los trapos, ni la vanidad… somos todos iguales, y tenemos el mismo propósito: aprovechar la oportunidad de vivir, de SER FELIZ.